martes, 9 de marzo de 2010

¿Qué más podía ser? ¿Un ornitorrinco?

Yo recuerdo que tenía sus manos, tenia frio y tenía sus manos, también tenía una máscara de árbol mordido por ardillas, ardillas sin frio y ardillas sin manos, porque yo tenía sus manos y porque odio a las ardillas, y miraba sus ojos tristes, sus ojos redondos y sus ojos pálidos, los 3 juntos, mas juntos que solos y más bonitos cuando están abiertos.

Yo recuerdo que la veía contenta, la veía de frente y la veía contenta, veía sus patas de gallo, sus labios de gacela y sus dedos de víbora, y odio a las víboras pero no hay nada en ella que las víboras no tengan que yo no pueda odiar en ella, porque la veía contenta.

Yo quisiera tenerte siempre contenta, tenerte siempre de frente y decirte que no hay nada mas romántico que ver los hongos de tus pies florecer como gladiolas, como azucenas, como las flores blancas que no tenía mi abuela en su jardín pero debía ser cuidadoso para no pisarlas, aun así quisiera tenerte de frente, plantar contigo un jardín con flores blancas y caminar despacio para no pisarlas, y si las pisamos las plantaríamos dos veces, una para que les llores y otra para que las riegues, una para que las huelas y otra para que las lleves, colgadas, prendidas, perfumadas, todas en tu pelo y todas en tu espalda.

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