martes, 3 de agosto de 2010

Esta es La historia del viejo astronauta y las 6 de la tarde.

Sin darse cuenta contó sus preocupaciones y las agrupó como constelaciones en su cara.


Se sentó a hablar sobre ese sentimiento de soledad con alguien más que lo entiende, y de cómo el mundo a lo mejor sólo es un granito de arena con un poco de agua y sol, También habló del silencio. "Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo." Descubrió que para arrugar la frente se usan cuarenta músculos y para sonreír sólo quince.


Antes de este día se sentía un poco en piloto automático, lo bueno es que sabe que en piloto automático es imposible aterrizar, ahora cambió de nave y vuela en la canasta de un globo que flota en lugar de luchar contra el viento para mantenerse en el aire, tampoco necesita tantos instrumentos de navegación como antes, sólo unos sacos de arena que se vacían para subir más alto, también tiene un saco de preguntas listas para lanzarte.

Los muertos llegaron a su conciencia por falta de aire, lo bueno es que ahí están más cerca, le gustaría que le contaran cosas porque a muchos no los conoció bien, pero están enojados porque no hay nada de comer, hay días en que se quiere mudar a donde las plantas suenan como lluvia y encuentra zarzamoras en los arboles y no en frascos y tés, sabe que allá le esperan espantos igual que aquí, lo bueno es que hay espantos que hacen reír.


Cada semana encuentra una pequeña obsesión, puede ser cualquier cosa, la semana pasada fueron los rehiletes, la antepasada los cangrejos ermitaños, esta semana son los témpanos de hielo, les dice así porque icebergs suena frío y trágico, hoy es un tempano, pueden viajar kilómetros y kilómetros por debajo del mar, dejando pedacitos de ellos por ahí, a veces se atascan en las rocas del fondo, el siente frío, pero poco a poco se irá diluyendo en agua de mar.

A veces se siente lleno de arena y a veces lleno de agua salada.

Ya huele a muerto, lo bueno es que es el olor que aunque esté muerto no huele tan mal, alguien escribió que probamos que el mundo existe porque nos morimos en el, hay veces que ya no sabe que es real y que no, el mar se ve muerto desde arriba pero no deja de pensar en el.


Por más que vueles alto no se pueden tocar las nubes, siempre hay un vidrio grueso con unas gotas distraídas que se quedaron pegadas antes de despegar, fue a un lugar donde hace frío en verano y ahora regresa al verano con calor donde ya no escucha trenes en sus sueños, también tomó un baño para quitarse un poco el olor a galaxias.

Extrañar te hace subir muy alto y también ir a tantos lugares, hay muchas formas de regresar, cuando despierta, hay veces que regresa a un lugar donde no quiere estar, como hoy que despertó en un lugar lleno de gente y sentado en un banco de madera.


Quisiera que alguien le enseñara a teletransportarse y expandirse por todas partes y alcanzar todo, entenderlo todo y que no se pierda de nada y que tú siempre estés cerca y que ella no se vaya nunca.

Pero teletransportarse y expandirse es muy peligroso y no está seguro si se puede hacer.

Cómo cuando alguien se va para nunca regresar, como las personas que iban en ese avión sobre el Atlántico, quizás se fueron a un lugar mejor, donde no necesitan aviones para cruzar el mar


¿A dónde se fueron?


En algunas ocasiones sólo quiere irse para regresar.


Qué bonito es regresar.

jueves, 29 de abril de 2010

He oido hablar de distancias, he oido hablar de longitud, de medidas de peso, todas con exactitud.
Pero existe una distancia-tiempo que no se puede determinar, ni con la brùjula ni el metro, ni con el satelite lunar.

domingo, 11 de abril de 2010

Bye bye, birdie

He visto a un tío disparar dentro de un supermercado con una recortada. No era una gran película, pero los disparos hacían buenos agujeros y las caídas eran buenas también. Había una chica. Una pelirroja que trabajaba de camarera. Casi todo el tiempo estaba el tío de la recortada disparando sobre todo lo que se movía y sobre lo que no se movía: botes de tomate frito y cajas de spaguettis. Pero a ratos aparecía la chica, y bueno, ella sabía que aquello no estaba bien, pero aún y así le quería. Él era un tipo duro, con la cara picada, y ella era una de esas camareras de película. Cuando no estaba disparando, el tío iba a recogerla al bar. La subía en su coche y la llevaba a la playa. Ella sabía que no era un santo, pero también sabía que él nunca iba a apuntarla con la recortada. Así que lo pasaba bien. Se tumbaban en la arena. Entraban y salían del agua. Se daban besos y follaban. Ella era todo lo feliz que puede ser una preciosa camarera. Cuando al tío le pillaron, ella estuvo siempre a su lado. Había disparado a niños y a mujeres. El jurado no podía ni mirarle a la cara. Dijeron que era un animal salvaje, pero ella siguió queriéndole. Sabía que lo de la recortada no iba con ella. Siguió queriéndole después de que le frieran en la silla. No era una gran película, ¿sabes?, pero era un gran amor.
De 10 canciones de amor y 7 caminos distintos de vuelta a casa,
Ray Loriga

martes, 9 de marzo de 2010

¿Qué más podía ser? ¿Un ornitorrinco?

Yo recuerdo que tenía sus manos, tenia frio y tenía sus manos, también tenía una máscara de árbol mordido por ardillas, ardillas sin frio y ardillas sin manos, porque yo tenía sus manos y porque odio a las ardillas, y miraba sus ojos tristes, sus ojos redondos y sus ojos pálidos, los 3 juntos, mas juntos que solos y más bonitos cuando están abiertos.

Yo recuerdo que la veía contenta, la veía de frente y la veía contenta, veía sus patas de gallo, sus labios de gacela y sus dedos de víbora, y odio a las víboras pero no hay nada en ella que las víboras no tengan que yo no pueda odiar en ella, porque la veía contenta.

Yo quisiera tenerte siempre contenta, tenerte siempre de frente y decirte que no hay nada mas romántico que ver los hongos de tus pies florecer como gladiolas, como azucenas, como las flores blancas que no tenía mi abuela en su jardín pero debía ser cuidadoso para no pisarlas, aun así quisiera tenerte de frente, plantar contigo un jardín con flores blancas y caminar despacio para no pisarlas, y si las pisamos las plantaríamos dos veces, una para que les llores y otra para que las riegues, una para que las huelas y otra para que las lleves, colgadas, prendidas, perfumadas, todas en tu pelo y todas en tu espalda.

domingo, 7 de marzo de 2010

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