El vivió pensando en cómo llegar a ella,
pero nada le salía a pesar de su cautela...
Y en un día que se levantó con el pie izquierdo,
que en su camino se le cruzó un gato negro,
que al afeitarse se le rompió el espejo,
y se le derramó la sal del salero,
salió de su casa y la vio en el metro,
ella lo miró y le sonrió y le dijo sube que te espero,
y él no podía creerlo, no era un día de mala suerte, y duraría el día entero…
Después de besarse de norte a sur ella le dijo te quiero,
él le contestó te amo, ella se rió a carcajadas,
y le dijo que solo bromeaba
que jamás ni nunca él podría ganar su amor,
porque él era medio sordo, cojo y orejón.
Y él lloró, y lloro tanto así que lleno los mares con sus lágrimas,
tanto así que esa agua salada no servía para bañarla
y desde entonces ha procurado no encontrarse con ella
aunque de vez en cuando se guiñan los ojos, se besan los labios,
pero nunca se dicen adiós.
El vivió subiendo y bajando la colina,
ella vivió cuidando sus hijitas,
y por toda la eternidad,
vivieron infelices...
sábado, 7 de noviembre de 2009
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